sexta-feira, 1 de maio de 2015

Científicos españoles crean organismos sintéticos contra el cambio climático

 

 

Estas especies estarían diseñadas para crecer de forma controlada y alterar el clima a través de funciones propias de la naturaleza

El inexorable crecimiento de los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera y el paulatino aumento de las temperaturas globales dan lugar a la aterradora perspectiva de cambios significativos en el clima de la Tierra. Las pruebas de que nuestro clima está cambiando rápidamente son evidentes.

Así que científicos y políticos de todo el mundo buscan formas de detener o revertir estos cambios, una tarea plagada de dificultades en un mundo enganchado a los combustibles fósiles. Una de las opciones de las que más se habla últimamente es de la geoingeniería, es decir, de alterar el medio ambiente a propósito para enfriar el planeta, quizá mediante la absorción del CO2 o la reflexión de la luz solar.

Para poder tener algún impacto, estos planes, que requieren cambios de alcance global, necesitan proyectos de ingeniería a una escala inimaginable hasta ahora. Por eso los expertos en bioingeniería piensan que podría haber otra alternativa.

En vez de crear proyectos de ingeniería globales, ¿por qué no crear formas de vida que hagan una labor parecida? La gran ventaja de este enfoque es que los organismos crecen de forma natural y se pueden difundir por zonas inmensas del planeta usando los mecanismos ordinarios de la vida. Así el proceso de hacer geoingeniería del paisaje tendría lugar con una mínima intervención humana. ¿Qué podría salir mal?

Muchas cosas. La mayor preocupación es que estos enfoques tengan consecuencias inesperadas e imprevistas para el planeta. Un escenario de pesadilla es que estos organismos den lugar a mecanismos de feedback no intencionados que aceleren el calentamiento global en vez de mitigarlo. Así que una pregunta importante que cabe hacerse es cómo prevenir este escenario.

Ahora tenemos algunas respuestas gracias al trabajo de Ricard Solé y algunos de sus compañeros de trabajo en el Laboratorio ICREA de Barcelona (España). Estos investigadores han explorado las distintas formas de crear organismos sintéticos que hagan que sea prácticamente imposible que se disparen bucles de feedback no previstos que sean perjudiciales para el planeta.

Empiezan señalando que un problema concreto es la posibilidad de que se produzca un crecimiento explosivo de las poblaciones de organismos sintéticos al introducirlos en los hábitats, o la posibilidad de que se extiendan a un entorno concreto. "Una forma de impedir el crecimiento explosivo no intencionado es usar una versión modificada de un organismo existente que muestre una relación estricta con otra especie asociada al hábitat en cuestión", afirman.

Así el crecimiento de una población de organismos dependería de la dinámica de poblaciones de otro. "Estudios experimentales recientes indican que estas relaciones se pueden crear artificialmente obligando a una fuerte dependencia metabólica y también con la ayuda de la ingeniería genética", afirman.

Solé y sus compañeros han explorado esta idea. Señalan que esta interdependencia exige la existencia de un feedback doble positivo en el que la especie sintética beneficia y se ve beneficiada por su anfitrión. "Este escenario está ligado a las relaciones simbióticas que caracterizan varios tipos de asociaciones naturales, como por ejemplo las bacterias que fijan el nitrógeno, que viven en los nódulos de las raíces de las plantas" sostienen.

También hay formas menos directas de interdependencia. Puede surgir la cooperación cuando una especie modifica el entorno existente de tal forma que eso permite a otra especie asociada prosperar y crear más oportunidades de crecimiento para la primera.

Por ejemplo, se podría modificar un microbio para que liberase algún tipo de proteína capaz de potenciar la retención de agua. Después otros organismos como por ejemplo las plantas pueden hacer uso de este agua retenida.

Hay otra forma de influir en el crecimiento de las poblaciones: limitando la comida disponible. Los investigadores sugieren modificar genéticamente a los organismos para que se alimenten sólo de residuos humanos, basuras o alcantarillado. Fuera de este entorno simplemente mueren.

"Un buen candidato podría ser la basura acumulada en el océano en forma de plástico, de la que se sabe que está colonizada por muchas especies distintas, entre ellas varios géneros microbianos, como el Vibrio", explica Solé. Y señala que a pesar de que la cantidad de residuos plásticos vertidos al mar ha aumentado mucho, la cantidad observada es mucho menor de lo esperado. "Esto sugiere (entre otras posibilidades) que algunas especies microbianas capaces de adherirse a los polímeros plásticos también están degradándolos", afirman.

Es una idea interesante. Si vamos a modificar activamente nuestro entorno para abordar problemas como el calentamiento global, tiene sentido usar el potencial de crecimiento y colonización que ofrece la vida. Seguro que es más fácil que hacer la ingeniería necesaria para poder influir en el planeta a escala global.

Pero también es una idea polémica. Los investigadores afirman que la interdependencia que se incluye en estos modelos impide el crecimiento descontrolado o los bucles de feedback porque tienen que suceder a ambas especies al mismo tiempo y eso es algo muy poco probable.

Pero no es imposible. Y también hay que tener en cuenta la evolución. Aunque los organismos sintéticos que se liberen puedan ser seguros, unos cuantos millones de generaciones más adelante, sus descendientes puede que no lo sean.

Solé y sus compañeros buscan apaciguar estos temores señalando que los humanos ya han cambiado la Tierra. "A pesar del impacto de origen humano sostenido y prolongado sobre muchos de estos novedosos ecosistemas, pueden demostrar una riqueza y una resistencia que nos recuerdan el potencial de la naturaleza para reconstruirse", afirman. Por otra parte, también demuestran lo tenaces que pueden ser las formas de vida y lo difícil que es revertir estos cambios una vez que se han dado.

Liberar formas de vida sintéticas con el objetivo específico de hacer ingeniería en la Tierra quizá llegue a ser una necesidad urgente. Si llega ese día, esperamos poder alegrarnos de la investigación que ha caracterizado cómo se dará esta geoingeniería.

Ref: arxiv.org/abs/1503.05043 : Diseño de Circuitos Sintéticos para Terraformación de la Tierra

Freight y Fetch: 'robomozos' de almacén que ni roban ni necesitan calefacción

 

 

Estos robots podrían sustituir totalmente a los humanos. Su coste no es elevado y las pérdidas que generan son menores

  • Jueves, 30 de abril de 2015
  • Por Tom Simonite
  • Traducido por Francisco Reyes

Foto: Un robot capaz de coger artículos de estanterías y su compañero, diseñado para transportar elementos de forma eficiente, pueden trabajar junto a trabajadores de almacén humanos o reemplazarlos por completo, según la start-up Fetch Robotics.

A medida que Melonee Wise camina hacia una fila de estanterías repletas de galletas, pastillas de jabón y otros productos envasados ​​en un rincón de su taller, junto a ella se desliza un robot bajito y con ruedas que lleva una caja de plástico, como si fuera un perro tras su dueño.

Hay algo entrañable en la forma en que el robot, que le llega por la rodilla, se mantiene con diligencia a un paso o dos por detrás de Wise a medida que ella cambia de ritmo, se gira o se detiene, pero estamos hablando de un robot de trabajo, no de un juguete. La start-up de Wise, Fetch Robotics, ha diseñado el robot, llamado Freight, como compañero de trabajadores de almacén. Ella está haciendo la demostración en un almacén falso en un rincón de las oficinas de Fetch, pero en una docena de empresas que están trabajando con la start-up probando su idea, ya hay seres humanos formando equipo con robots Freight.

Freight está diseñado para ayudar a los recolectores de estanterías, que van por los almacenes cogiendo objetos de las estanterías para hacer cosas como, por ejemplo, cumplir los pedidos de compras en línea. Los trabajadores recorren el almacén recogiendo objetos de los estantes, y los ponen en la caja que lleva el robot. Cuando se completa un pedido, con un toque en el smartphone se puede ordenar al robot que lleve la carga a su próximo destino.

Wise señala que colegas robot como estos podrían facilitar el trabajo a los recolectores de estanterías, que caminan hasta 15 millas (24 kilómetros) al día en algunos grandes almacenes. Estos puestos de trabajo se abandonan con mucha frecuencia, y los gestores de almacén tienen dificultades para cubrir puestos, señala Wise. "Podemos aligerar esa carga y hacer que se centren en cosas que a los seres humanos se les dan bien, como coger objetos de los estantes", asegura.

Sin embargo, la compañía de Wise también está trabajando en un segundo robot diseñado para hacer bien esa tarea. Tiene un brazo largo y articulado con una pinza, está montado sobre una base con ruedas y tiene una "cabeza" movible con una cámara de profundidad similar a la del controlador de juegos Kinect. Este robot, llamado Fetch, está diseñado para caminar por un área particular de estanterías, bajar objetos y colocarlos en una caja cargada por un robot Freight.

Hay almacenes que ya usan robots, pero por lo general de forma limitada y sin mucho contacto directo con los humanos. El robot Freight de Fetch tiene una apariencia similar a los robots fabricados por Kiva Systems, una empresa de robótica de almacén adquirida por Amazon en 2012 (ver En los almacenes, los robots de Kiva llevan el peso). Sin embargo, los robots de Kiva mueven estantes completos, lo que significa que habría que rediseñar el almacén para adaptarlo a ellos. Navegan mediante la búsqueda de pegatinas con códigos de barras pegadas al suelo.

Los robots de Fetch navegan utilizando un escáner láser, y están diseñados para integrarse en las operaciones de los almacenes existentes con pocas alteraciones, asegura Wise. Para crear un mapa de un almacén, la empresa usaría un controlador de juegos para hacer que el robot Freight caminara por el lugar varias veces. Después de anotar el mapa, los robots podrían encontrar los caminos por su cuenta, utilizando los datos en 3D de su escáner láser para localizarse a sí mismos y evitar obstáculos.

Aún no se sabe el precio exacto, en parte porque Fetch Robotics ha empezado hace muy poco a fabricar los robots. Sin embargo Wise señala que cada uno sólo debería costar varias decenas de miles de dólares, mucho menos de lo que costaría contratar a seres humanos, afirma. Los robots "no toman descansos para ir al baño, para comer ni para fumar, ni se cansan", añade. Un almacén que funcione principalmente con robots de Fetch también podría ser capaz de reducir el uso de aire acondicionado en verano y calefacción en invierno, ya que a los robots les importan menos las temperaturas de trabajo. Además, usar robots también podría reducir lo que los gestores de almacén denominan eufemísticamente como "disminución". "Los robots no roban", concluye Wise.

Post aus Japan: Nippons sympathische Mondmission

 

 

23.04.2015 – Martin Kölling

Post aus Japan: Nippons sympathische Mondmission

(Tomruen / Wikipedia / cc-by-sa-4.0)

Es könnte eng in der Umlaufbahn um den Erdtrabanten werden. Immer mehr Nationen planen Mondmissionen – und die Jaxa ist ganz vorne mit dabei. Und das ist auch gut so.

Japan probiert mit Elektronik seit jeher alles Mögliche aus – und oft auch das Unmögliche. Jeden Donnerstag berichtet unser Autor Martin Kölling an dieser Stelle über die neuesten Trends.

Japans Weltraumbehörde Jaxa hat diese Woche das größte Hindernis für eine Eroberung des Mondes in Angriff genommen: das Loseisen staatlicher Gelder. Am Montag stellten die Weltraumfahrer der ostasiatischen Nation beim Erziehungs- und Wissenschaftsministerium ihr Projekt vor, um das Jahr 2018 herum eine unbemannte kleine Forschungsstation auf den Erdtrabanten zu schicken. Sie gilt als wichtige Etappe für eine bemannte Reise, von der nicht nur die Jaxa träumt.

Die Jaxa kann nun nur hoffen, dass die Schatzmeister der Nation die Finanzierung des Projekts ab 2016 in den Staatshaushalt aufnehmen. Denn sollte das nicht passieren, könnten die Japaner beim Wettlauf um den Mond empfindlich hinter andere Rivalen wie China, Russland, die USA, Europa und nun sogar Indien und Südkorea zurückfallen. Das wäre extrem schade – für die Japaner, aber auch für alle, die sich für den Fortschritt der Menschheit interessieren und nicht nationale Großmannssucht.

So haben haben sich die Japaner in den vergangenen Jahrzehnten in der Spitze der Raumfahrtnationen etabliert. 2007 war die Jaxa den Rivalen aus China mit der ersten Mondmission seit den Apollo-Flügen zuvorgekommen. Nur bei der ersten erneuten Landung ließen sie den Nachbarn 2013 den Vortritt.

Aber bei allem Sinn für den Wettbewerb blieb – und bleibt – Japans Weltraumbehörde einer Politik treu, die sie in meinen Augen so sympathisch macht. Statt nationalistische Töne zu spucken wollen die Japaner die globale Weltraumfahrt technisch weiterbringen – und die Kosten drastisch senken.

Die Genauigkeit der neuen Mission, die diese Woche in den Medien gepriesen wurde, ist dabei nur ein Nebenaspekt. Natürlich ist es ein großer Fortschritt, wenn die Sonde den Landeplatz nicht mehr auf einen Kilometer, sondern 100 Meter genau anvisieren kann. Doch der eigentliche Clou des Projekts ist die Miniaturisierung.

Das Landegerät nennen die Japaner nicht von ungefähr SLIM (Smart Lander for Investigating Moon). Es soll nur etwas mehr als 100 Kilogramm wiegen, inklusive einem Mini-Rover an Bord. So hoffen die Forscher, ihre neue Epsilon als Trägerrakete einsetzen zu können, mit der die Jaxa die Weltraumfahrt revolutionieren will.

Die Festbrennstoffrakete ist verglichen mit den bisherigen Mondraketen nicht nur klein, sondern auch die erste Rakete mit künstlicher Intelligenz. Sie soll ihre System vor dem Start selbst durchchecken können und damit den Zeit-, Personal- und Geldaufwand drastisch verkürzen. Zudem reicht ein Notebook als Startzentrum aus. Der Projektleiter Yasuhiro Morita nannte sein Werk mir gegenüber daher fast liebevoll "Robokete".

Gelingt das Vorhaben, könnten große, teure Mondmissionen durch eine Reihe kleiner, preiswerter Stichproben ersetzt werden. Dieses Trommelfeuer von Sonden würde der Erforschung des Mondes sicher besser dienen, als die zwar telegene, aber im Nutzwert doch beschränkte Mondfahrt eines großen Rovers.

Wie tief diese innovative Tradition steckt, machen die bisherigen Höhepunkte der Jaxa deutlich. Die Hayabusa-Mission war nicht nur die erste mehrjährige Rundreise eines Raumschiffs mit Zwischenlandung auf einem Asteroiden und Rücktransport einer Bodenprobe zur Erde. Der "Falke", so die deutsche Übersetzung des Namens, setzte dabei auch ein Ionentriebwerk ein. Am 3. Dezember 2014 startete Hayabusa 2 auf eine weitere Reise. Ikaros wiederum war die erste Sonnensegelyacht, die von der Kraft der Photonen des Sonnenlichts getrieben durch das All glitt.

Ich bin zwar nicht so naiv, den möglichen militärischen Nutzen ziviler Raumfahrt zu übersehen. Auch in Japan spielt er eine Rolle. Aber dennoch hoffe ich, dass die Mondmission der Jaxa ein Erfolg wird. Denn mit ihrem wissenschaftlichem Eifer können die Forscher vielleicht ein Zeichen für eine Weltraumfahrt setzen, die den Fortschritt der gesamten Menschheit im Sinn hat – und nicht nur die Größe einzelner Nationen. (Martin Kölling) / (bsc)

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Ein Jetpack zum Abheben

 

 

29.04.2015 – Ben Schwan

Ein Jetpack zum Abheben

Mit dem Personal Jetpack der Martin Aircraft Company soll der Traum vom Raketenrucksack in Erfüllung gehen – sofern genügend Kleingeld vorhanden ist.

Alle kennen sie aus Kino und Fernsehen, doch bis in den Alltag haben es Düsenrucksäcke bislang nicht geschafft. Die Firma Martin Aircraft Company aus Neuseeland schickt sich nun an, dies schrittweise zu ändern.

Der Personal Jetpack P12 kann seinen Träger bis zu einen Kilometer in die Höhe heben und ihn dann mit über 70 km/h durch die Gegend fliegen. Angetrieben wird das Fluggerät von einem kleinen Vierzylindermotor. Allerdings beträgt die Flugzeit nur maximal eine halbe Stunde, dann ist der Tank leer.

Ein weiteres "kleines" Problem: der Preis. Pro Stück will Martin Aircraft Company derzeit 150000 Dollar. Dafür sieht der Personal Jetpack aber auch mächtig aus: Man steigt eher in ihn ein als dass man ihn sich umschnallt. Er ist über zwei Meter groß und 200 Kilogramm schwer. Für den Fall der Fälle ist auch noch ein Fallschirm verbaut.

Produkt: Personal Jetpack
Hersteller: Martin Aircraft Company
Preis: 150.000 Dollar
(Ben Schwan) / (bsc)

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Post aus Japan: Start-up-Nation Nippon

 

 

30.04.2015 – Martin Kölling

Post aus Japan: Start-up-Nation Nippon

Das "Slush"-Festival aus Finnland gilt als Woodstock für Gründer. Der erste ausländische Ableger wurde nun ausgerechnet in Japan gestartet. Die Stimmung auf der "Slush Asia" in Tokio zeigt, dass sich die hiesige Start-up-Szene zu Recht vor einem Boom wähnt.

Japan probiert mit Elektronik seit jeher alles Mögliche aus – und oft auch das Unmögliche. Jeden Donnerstag berichtet unser Autor Martin Kölling an dieser Stelle über die neuesten Trends.?

Wenn es um Start-ups geht, starrt die Weltöffentlichkeit noch immer erwartungsvoll aufs Silicon Valley oder scoutet neuerdings in Berlin. Doch dies könnte sich bald ändern. "Wir stehen vor einer dritten Start-up-Welle – und die wird in Asien stattfinden", sagte Tom Wehmeier vom Venture-Capital-Investor Atomico vorige Woche in Tokio.

Böse Zungen mögen anmerken, dass der Start-up-Experte damit nur seinen Gastgebern nach dem Mund redete. Schließlich saß er vorigen Freitag als Sprecher auf dem Podium eines Start-up-Festivals in Japans Hauptstadt, des ersten "Slush Asia". Doch dass dieses Event überhaupt stattfand, demonstriert, dass Wehmeier mit seiner Einschätzung nicht allein ist. Denn das Original in Finnland ist nicht irgendeine Start-up-Veranstaltung, sondern das Woodstock der Venture-Capital-Szene. Und der erste Ableger findet nicht von ungefähr in der am schnellsten alternden Industrienation der Welt statt.

Die erste "Slush" ging 2008 in Finnland über die Bühne. Den Namen haben sich die Veranstalter von der Jahreszeit entlehnt: Slush (Schneematsch) findet im ungemütlichen Monat November statt, der nicht mehr Herbst, aber auch noch nicht ganz Winter ist. Dennoch zelebrierten voriges Jahr 14000 Studenten, Investoren und einige hochrangige Politiker die neuesten Start-ups.

Wegen des Andrangs und des Charakters der Messe, die von Freiwilligen unentgeltlich organisiert wird, sehen die Finnen Slush nicht als Veranstaltung, sondern als Bewegung. Slush solle die Gründer feiern wie Rockstars der 68er-Generation, sagte mir ein finnischer Veranstalter.

Auch Sendungsbewusstsein ist mit im Spiel. Doch während die Bands jener Zeit mit Musik die Welt verändern wollten, will die Jugend von heute es mit Unternehmertum tun – und nebenbei auch noch reich werden. Ein wichtiger Aspekt der Happenings sind knallharte Geschäfte: Bei der Slush in Finnland habe es mehr als 3000 Treffen zwischen Start-ups und Investoren gegeben, erzählte mir der Vorsitzende der Slush-Stiftung, Illka Kivimäki, bei seinem Japan-Besuch.

In Finnland hat Slush erfolgreich eine Kulturrevolution gefördert, die der Nation über den Niedergang Nokias hinweghilft. Nach der Nahtoderfahrung des einst größten Handyherstellers der Welt schießen nun neue Unternehmen ins Kraut. Ein Viertel der europäischen Start-ups sind in Finnland beheimatet.

Peter Vesterbacka, einer der Initiatoren von Angry-Bird-Erfinder Rovio und Vater der Slush, sieht die Veranstaltung als Triebkraft dieses Wandels. 2007 habe er bei einer Gastvorlesung an einer Universität die Studenten gefragt, wer sich selbstständig machen wollte. Gerade drei Hände gingen hoch. Man müsse etwas tun, sagte er sich – und gründete mit Gleichgesinnten das Event. Als er 2013 die gleiche Frage stellte, meldete sich die Hälfte der rund 600 Anwesenden, erinnert sich Vestabacka.

Doch kann Slush dieses Kunststück auch in Japan wiederholen? Die Liste der Einwände ist lang: Japans Bevölkerung schrumpft; der Wirtschaft fehlt die Dynamik; die Gesellschaft ist konservativ, hierarchisch und auf Konsens bedacht; die Jugend ist nicht zum Risiko bereit, sondern sucht Zuflucht bei Großkonzernen; die Japaner können kein Englisch und geben sich nur allzu leicht mit ihrem riesigen Heimatmarkt zufrieden.

Aber Taizo Son, der japanische Organisator von Slush Asia, meint, dass Japan vor einer neuen Gründerwelle steht. "Nach 20 verlorenen Jahren hat endlich eine neue Ära für Start-ups in Japan begonnen", sagt er. Und sein Wort sollte man nicht einfach als Propaganda oder Pfeifen im Wald abtun. Denn Son ist selbst ein Seriengründer, einer der größten Inkubatoren des Landes und nebenbei auch noch Vorstandsvorsitzender der Firma GungHo, die sehr erfolgreich Spiele für Smartphones entwickelt. Gemeinsam mit Softbank, dem globalen Mobilkonzern seines älteren Bruders Masayoshi Son, hat Sons GungHo 2013 für etwa zwei Milliarden Euro die Mehrheit am aufsteigenden finnischen Spielestar Supercell gekauft. Das Unternehmen dankte dieses Vertrauen, in dem es 2014 seinen Umsatz auf 1,5 Milliarden Euro verdreifachte.

Ich stimme Son zu, denn der Boden ist besser für Start-ups vorbereitet als Japans Ruf glauben macht:

1. Japan hat eine lange Start-up-Tradition: Nach dem Krieg wurden Konzerne wie Sony oder Honda gegründet. Auch der vor dem Krieg etablierte Autobauer Toyota war zu Anfang wenig mehr als eine Garagenfirma. Zudem hat es auch in der New Economy schon drei erfolgreiche Gründerphasen gegeben: Softbank stammt aus den 1980er Jahren, die globale Online-Shopping-Mall Rakuten von Hiroshi Mikitani aus den 1990er Jahren. Und im mobilen Internet ist Japan bis heute eine Großmacht, die in den vergangenen zehn Jahren viele neue Firmen groß gemacht hat. Es gibt also inzwischen drei Start-up-Generationen als Vorbilder.

2. Die Elektronikkonzerne haben bewiesen, dass sie nicht der sichere Hafen sind, für den viele sie gehalten haben. Panasonic scheint zwar nach hohen Verlusten und diversen Sparrunden die Kurve zu kriegen und schaltet wieder auf Angriff um. Aber der Flach-TV-Pionier Sharp sucht in seinem Überlebenskampf mal wieder verzweifelt nach frischem Kapital. Und Sony hat 2014 erneut einen riesigen Verlust geschrieben. Das macht kleinere Unternehmen interessanter.

3. Die Regierung fördert den Start-up-Geist politisch, strukturell und finanziell. Man mag vom nationalistischen Geschichtsrevisionisten Shinzo Abe halten, was man will. Aber die Start-up-Szene Japans sieht ihn unisono als ihren Verbündeten. Denn Abe will Start-ups fördern, um Japans Wirtschaft wieder stark zu machen (und sich ein starkes Militär leisten zu können). "Er richtet die Scheinwerfer der Öffentlichkeit auf uns", sagt einer der Slush-Asia-Organisatoren.

Tatsächlich ist Abe Stammgast auf dem globalen New Economy Summit, den Rakuten-Chef Mikitani ins Leben gerufen hat. Andere hoffen, dass die versprochenen Strukturreformen bestehende Hürden gegen neue Produkte und Dienstleistungen beseitigen, so dass die neuen Unternehmen in Japan wachsen können.

Auch finanziell tut sich was. Halbstaatliche Investmentsfonds haben neben der Sanierung von alten Firmen auch die Aufgabe, neue Unternehmen zu fördern. Diverse Ministerien legen eigene Start-up-Fonds auf. Universitäten und Forschungsinstitute suchen die Nähe zu Venture-Funds, um Forschungsergebnisse zu versilbern. Und plötzlich ist Geld da, das der Szene lange gefehlt hat.

4. Japan hat eine Tradition in Einstellungen und Bereichen, die wichtig für Start-ups, aber gesellschaftlich nur schwer zu erlernen sind: Kreativität, manchmal sogar kombiniert mit der Entwicklung erfolgreicher Geschäftsmodelle; extremer Kundenfokus; Qualitätsbewusstsein; hohes technisches Knowhow in einer Breite und Tiefe, die weltweit Spitze sind; eine lange Geschichte in der Herstellung von Dingen; hohe Technikbegeisterung – um einige zu nennen.

Und was noch fehlt, also Mut, Englisch und Selbstdarstellung, kann man lernen. Genau da setzt überdies die Slush Asia an. Das Event fand mit Absicht auf Englisch statt. Die japanischen Teilnehmer sollten so von Beginn an zu einer globalen Sicht gezwungen werden. Auch das Teilnehmerfeld am Start-up-Wettbewerb war daher mit Absicht international. Der erste Preis ging an ein Unternehmen aus Taiwan. Japanische Start-ups heimsten Platz zwei und drei ein.

Das Gewimmel in den fünf Plastikdomen des Festivals zeigte, dass die Idee ankommt. Gerade bei der Jugend. Zwei gerade 20 Jahre alte Gründer der elitären Universität Tokio erzählten mir, dass es immer mehr junge Firmenchefs gebe. Sie reize, ihr Leben selbst bestimmen zu können und ohne die Tortur einer langen Beamten- oder Firmenkarriere schon in jungen Jahren gesellschaftliche Probleme angehen zu können – unternehmerisch eben.

Auf dem Land sollen nun sogar einige Schulen ihre Schüler anhalten, Firmen zu schaffen. Nun bleibt nur noch zu hoffen, dass die Bewegung eine ähnliche Eigendynamik entwickelt wie in Finnland. Und wer weiß: Vielleicht schwappt dann in ein paar Jahren wirklich eine neue Gründerwelle von Japan über den Globus. (Martin Kölling) / (bsc)

Permalink: http://heise.de/-2628571

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